En 1928, un joven Walt Disney trabajaba, junto al animador Ub Iwerks, en los bocetos de un personaje que pudiera reemplazar a Oswald el Conejo Afortunado. Los derechos del dibujo que habían creado para el Estudio Universal habían quedado en manos de la productora tras su alejamiento, lo que los obligaba a conseguir un sustituto para avanzar. Bautizado originalmente Mortimer, este ratón animado no solo marcaría un hito en la industria del entretenimiento, sino que sería el punto fundacional de los Estudios Disney.