Un proyecto desarrollado para Busnelli
La diseñadora industrial italiana Elena Salmistraro, conocida por su capacidad para transformar lo cotidiano en arte, ha creado para Busnelli una colección que trasciende su mera función. Grumetto, como ha sido bautizada, no se trata solo de un sistema de sillones/sofás, sino de una serie de objetos cuya narrativo visual invita a reflexionar sobre «cómo habitamos los espacios y cómo nos relacionamos con los materiales».
Grumetto se presenta como un sistema flexible, compuesto por doce módulos que pueden combinarse de infinitas maneras. Sillones, chaises longues y pufs dialogan entre sí, creando composiciones que oscilan entre lo escultórico y lo utilitario. Sus líneas suaves, contrastan con su estructura robusta, elevada sobre unas patas que le confieren «un aire de joya sobre un pedestal». Cada detalle, comenta Salmistraro, «ha sido pensado para sorprender», desde la curva envolvente de su respaldo hasta las mesitas auxiliares que emergen como extensiones naturales del diseño.
«La colección encarna la esencia rebelde del rock traducida al diseño: formas orgánicas que desafían convenciones, combinaciones modulares que invitan a la experimentación, y un compromiso ambiental tan genuino como disruptivo», confiesa Salmistraro.
Pero lo que realmente distingue a Grumetto es su enfoque sostenible. Detrás de su apariencia lujosa se esconde una filosofía de producción responsable. Los cojines están rellenos de fibras obtenidas de redes de pesca y plásticos recuperados del mar, mientras que los tejidos de alta gama se elaboran a partir de botellas PET recicladas. Incluso su estructura, diseñada para ser desmontada por completo, garantiza que cada componente pueda tener una segunda vida. Esta combinación de elegancia y conciencia ecológica no es casual: responde a una visión del diseño como acto de responsabilidad con el planeta.
«En un mercado saturado de propuestas efímeras, Grumetto se erige como un objeto de culto para quienes buscan mobiliario con narrativa. Sus combinaciones modulares adaptables a cualquier espacio —desde lofts urbanos hasta casas de campo— demuestran que el diseño de vanguardia puede ser tan versátil como comprometido».















